¿Cómo saber si estás en una relación tóxica?

Tal vez has llegado aquí en busca de un veredicto: 

«Sí, sigo en mi relación». 

O…

«No sigo, se acabó para siempre».

Ojalá fuera tan sencillo. Pero no lo es. 

Ni soy yo quien deba darte la respuesta, solo tú sabes lo que es bueno para ti. Lo que te hace bien.

Pero puedo ayudarte a detectar una serie de señales para que te resulte más fácil tomar la decisión correcta.

Frases que envenenan una relación

Hay frases que parecen inofensivas, pero te desgastan.

“Eres un desastre” 

“no se puede hablar contigo.”

«Deberíamos dejarlo, esto no tiene sentido»

Son mensajes que quizá no te suenan tan graves, pero que sí tienen una intención grave, digamos que no se dicen con buena intención y que, en consecuencia, pueden hacerte sentir mal.. Que se cuelan en tu día a día y tú los normalizas… tanto, que hasta empiezas a dudar de ti. Pero en el fondo sabes, o intuyes, que hay algo en esa relación que no te hace bien.

Este tipo de frases cotidianas pueden estar envenenando tu relación. No lo digo para que cunda el pánico. Lo digo porque, a veces, las cosas no se rompen de golpe: se van desgastando sin que te des cuenta. Poco a poco.

Hoy hablamos de eso que se ha puesto tan de moda: «relaciones tóxicas». Pero no desde el juicio ni desde el drama, sino desde la consciencia y el aprendizaje. .

 

Y para empezar con buen pie, te dejo algunas frases que si construyen buenas relaciones.

«Relaciones tóxicas» no es lo mismo que «personas tóxicas»

La palabra «tóxica» se usa para todo: una amistad que se enfría, una pareja que discute, un jefe que exige demasiado, una persona que te cae mal… 

Para mí es esencial recordar que aquí no hablo de personas tóxicas, sino de relaciones tóxicas.

Hablo de vínculos que, por la razón que sea, nos están haciendo daño. Donde hay reproches, silencios que duelen, chantajes emocionales. Donde el amor adopta formas que nos rompen el corazón.

Una relación tóxica es como una planta envenenada que seguimos regando, esperando que florezca. O como una canción que suena desafinada, pero como la conocemos de memoria, la seguimos bailando.

A veces el veneno no está en el grito o el insulto, sino en la intención que hay detrás, en lo que se quiere generar en el otro a corto y largo plazo con lo que decimos.. En esas frases que, tal vez sin ser conscientes de ello, humillan. Que no dicen «te odio», pero te hacen sentir inferior o dependiente, ¡o culpable!.

Darte cuenta es un acto de valentía

 

No puedes cambiar lo que no ves, lo que no sabes que existe. Por eso el primer paso para reconocer si estás o no en una relación tóxica, es hacerte preguntas que te resulten incómodas, pero que son necesarias.

La primera que te propongo es sencilla y brutal: ¿Esto me está haciendo bien?

Si cada conversación te deja con ansiedad. Si empiezas a callarte para evitar conflictos. Si te estás apagando poco a poco… hay que parar.

 

Frases como:

«Es que te tomas todo personal»,

«No exageres, no es para tanto»,

«Siempre te pones a la defensiva»,

“Tienes la piel muy final”,

pueden parecer normales, pero no lo son. Son frases venenosas. Y lo peor es que te acostumbras.

No es fácil admitir que una relación que quieres puede estar haciéndote daño. Pero es el primer paso para elegir con libertad.

Si decides ser valiente, sigue leyendo.

Cinco claves para mejorar una relación tóxica 

Como en cualquier relación, se necesita el compromiso de ambas partes para mejorar la comunicación, para dejar de poner parches y mirarse al espejo. 

 

Mi propuesta es que, si eliges quedarte, sea desde un lugar consciente. 

 

  1. Pregúntate: ¿Para qué estoy en esta relación?

No trates de aguantar, sino de entender.

A veces seguimos en una relación porque hubo momentos buenos. Porque creemos que todo el mundo tiene problemas. Porque nos da miedo empezar de cero. O porque, en el fondo, creemos que no merecemos más. O porque creemos que “no podemos vivir sin la otra persona”

Hacerse estas preguntas no es fácil, pero es necesario:

¿Qué me gusta de esta relación, si es que hay algo?

¿Qué estoy buscando aquí?

¿Qué parte de mí se siente cómoda en esta dinámica, aunque duela?

La honestidad contigo es el punto de partida. No para juzgarte, sino para empezar a ponerle nombre a lo que estás sintiendo.

 

  1. Ten el compromiso, contigo, de querer estar bien

Si no hay un deseo activo de comunicar mejor, el patrón se repite. Y se repite. Y se repite.

Solo tú puedes ponerle freno, para dejar de reaccionar por inercia. Para cambiar el «tú me haces sentir» por «esto es lo que yo siento cuando…».

Ejercer un liderazgo afectivo es también elegir cómo quieres comunicarte.

 

  1. Pon límites, no dejes que te los impongan

Un límite no es una amenaza. Es una declaración de lo que necesitas para estar bien.

 

Si alguien te dice «siempre haces lo mismo», eso no es comunicación. Es reproche. Pero si dices «me duele cuando esto se repite y me gustaría buscar otra forma juntos», estás proponiendo algo nuevo.

Poner límites es un acto de amor propio. No hacia el otro. Hacia ti.

 

  1. Asume un rol protagonista: deja de pensar que la otra persona ya cambiará

No puedes controlar cómo piensan, sienten o actúan los demás. Pero puedes decidir qué haces tú con lo que pasa a tu alrededor.

El rol de víctima nos empequeñece; el de protagonista nos da las riendas de nuestra vida para que seamos nosotros quienes tomemos las decisiones.

A menudo cargamos con los miedos, las inseguridades de otras personas, cuando es mucho más sano para todos que cada uno asuma su parte. Si no lo hacemos, nos dejamos llevar por los sentimientos ajenos… y esto duele.

 

  1. Ser coherente con lo que te hace bien

Esto es lo más simple y lo más difícil:

¿Te hace bien esta relación?

Si la respuesta es no, tal vez no necesitas arreglarla. Tal vez necesitas dejar de regar la planta envenenada, porque solo conseguirás frustrarte una y otra vez..

Coherencia es elegirte. Aunque cueste y duela.

Y ahora, ¿qué decides hacer con lo que te pasa?

Sé que no es fácil. Una relación tóxica no siempre se nota desde fuera. No todo es lo que parece. Las parejas pasan por varios momentos, buenos y no tan buenos. El problema es cuando los malos son recurrentes y van acompañados de reproches, celos o malas contestaciones o amenazas 

Si quieres estar bien, solo hay un camino: sincerarte contigo. Porque es verdad que no hay una sola forma de amar, pero sí hay formas que nos destruyen. Y otras que nos permiten crecer.

Si algo de esto te remueve y sientes que quieres mirar tu relación con más claridad, ya sea a solas o en pareja, estoy aquí.

Gracias por leerme.

 

Anna Vicen Renner 

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