Cuando te sientes menos, inferior a los demás

Hoy te escribo en primera persona, sobre mí, sobre esa sensación que quizá tú también conoces:

Sentirte menos.

Ya lo superé y ello me hizo tan experta que más adelante decidí formarme profesionalmente para poder acompañar a otras personas a sentirse mejor consigo mismas.

Por esta razón quiero compartir contigo este post.

Espero que te inspire:

Cuando iba al colegio me gustaba escribir.
Cuando estaba en casa a menudo «jugaba a escribir».
Cuando me formaba me gustaban las asignaturas en las que me hacían escribir.

Siempre he escrito pero nunca he sentido que tuviera valor lo que escribía.

¿Por qué?
Porque la que escribía era yo.

Y eso es lo que pasa cuando tienes la autoestima baja: cualquier cosa siempre es insuficiente por el simple hecho de haberla creado tú.

Parece autoexigencia pero no, es más una sensación de insuficiencia constante.

Es duro, ¿lo notas?

Pues sí y aparece cada día.

¿Lo bueno de ello?

Mi insuficiencia constante me llevó a querer saber más, a acudir a psicólogos y coaches para explorar en mí, a leer y experimentar para entender cómo diablos estaba tan convencida de que era menos que tú, que tú, que tú y que todos vosotros.

Por el simple hecho de ser yo.

Mi sufrimiento activó mi curiosidad,
Y es que cuando ves que algo falla puedes tener curiosidad por saber más.

Así que mi curiosidad llevó a conocimiento, mi conocimiento a una revelación: que sí, que yo también tengo mucho que aportar. Y mi revelación me llevó a la confianza y la confianza, por fin, a mi libertad.

Mi libertad para escribir este post sin pensar que no es suficiente, así como cientos de textos que ya he publicado en las redes en los últimos años.

Mi libertad para ejercer mi profesión tranquilamente, de creer en mi rol de madre, en mi relación de pareja, en mis metas, en mi vida, en general.

Feliz de compartir contigo, de escribir sin tapujos y de que mi curiosidad me llevara también a formarme como Coach para poder acompañar a otros a explorar, con mucha curiosidad y cariño, en su supuesta insuficiencia.

Mi conclusión:
Hazle caso a tus pensamientos pero ves un paso más allá.

Analiza de dónde vienen. Si te limitan, cuestiónalos. No tienes por qué creértelos. No tienen porqué ser verdad. Y es que la verdad, al final, solo es un interpretación de una realidad.

Por el contrario, si tus pensamientos te potencian, te permiten evolucionar de forma positiva, te permiten crecer de forma natural y sostenible, créetelos.

Te sientas como te sientas, dedícate tiempo a conocerte mejor. No sabes el oro que puede que tengas allí escondido.

Gracias por leerme. Lo que has leído tiene valor. Y que tú me leas tiene valor para mí.

Es oro. Y como te decía, somos oro. ¡Así que a pulirlo!

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